51- LA “ESTRELLA DEL RABO’ Y “LA FIN DEL MUNDO”.

 

Era el mes de mayo de 1910. El Alcalde del pueblo seguia siendo don José M Castillo Sanz (el tío Castillo), Secretario era don Millán Pardo Medina, apodado el tio Millan, el Diablo; el señor Cura parroco era don Jesus Garcia Albero.

Aquel año, la noche del 30 de abril a primero de mayo se habían cantado los mayos como siempre, a la Virgen de Loreto y a las muchachas del pueblo, pero hubo cierto recelo y algún ternorcillo, pues parece ser que alguien anunciaba por el mundo un gran cataclismo próximo, con relación a la aparición del corneta Halley (que cada 76 años recorre su órbita alrededor del Sol en una vuelta al parecer un tanto anárquica y excéntrica), y que parece conllevar algún fenómeno o suceso fuera de lo normal.

 

Efectivamente, pronto se vio aparecer el corneta, al que la gente dio en llamar la estrella del rabo, y en verdad se acercó tanto a la Tierra aquella vez, que el 17 de mayo ocupó su resplandor más de una tercera parte del firmamento visible. Aquello motivó la divulgación de la creencia en ‘la fin del mundo, que se propaló por todo nuestro planeta y que afectó a toda la población, especialmente a los pueblos pequeños. Cuando se dijo que el día 19 de mayo se produciría el desastre final, aquella noche fue algo inenarrable y sucedieron muchas cosas. Se comió y se rezó muchísimo, pero también parece ser que se hizo todo lo demás a manta. Cuando pasó el día 19 en que el cometa envolvió a la Tierra con la luz de su rabo, pasando como aquel que dice en términos futbolísticos rozando el larguero, se vio que quería alejarse, como así sucedió, displicentemente como perdonavidas, despreciando la pequeñez terráquea, todo el humano mundo suspiró y respiró profundamente.

 

Poco a poco el corneta (durante el resto del mes de mayo) fue desapareciendo por el horizonte para empezar otro nuevo periplo de 76 años por el sistema solar.

Lo que pasó por aquellas fechas en nuestro pueblo, fue poco más menos lo que sucedió en los demás. Recordando lo que nuestros padres y abuelos contaban sobre el particular, imaginativamente nos introducimos en el meollo del pueblo y diremos algo de lo que ocurrió ( y de las muchas cosas ignoradas o descubiertas que pudieron pasar y suceder) entre lo chistoso y lo tremebundo en aquellas circunstancias que, indudablemente, abultadas por los malignos presagios que hasta la historia astronómica no se recataba de divulgar, lo que causó alteraciones, algunas de ellas irremediables, en la sencilla vida de aquellas gentes.

 

Desde el 10 al 25 de mayo, el pueblo fue un hervidero callejero en el que ni la autoridad local civil ni la religiosa pudieron intervenir más que con consejos y oraciones. Las gentes, desde las más sesudas y pacíficas hasta las más iletradas y bullangueras, pasando por las que confiaban solamente en Dios y la Virgen, no se las tenían todas consigo.

Alguien opinó que la cosa habría que tomarla, o bien en broma o bien en serio, resultando que ambas actitudes desembocaban en lo mismo, o rezar y gozar, en este orden, o hacerlo a la inversa, dependiendo del mayor o menor grado de fe de cada uno. ¡Como si ambas cosas fueran compatibles! Pero el nerviosismo lo podía todo.

¡ Que viene la fin del mundo! Aquello ponía los pelos de punta. Varios vecinos del Barrio de las Cruces pensaron en matar ya sus gorrinos, todavía pequeños, y comérselos antes de que ocurriera lo peor, como así lo efectuaron algunos sin más contemplaciones. Otros, del Parchel, opinaban que, por si acaso, se deberían perdonar todas las deudas; con lo que el tío José Castillo, que además de Alcalde era el principal acreedor de muchos débitos, tendría que ser compasivo en aquella situación; pero como era hombre cauto y cabal, dijo que para el caso era igual perdonar que no perdonar las deudas, ya que si acaecía algo grave, todos quedarían automáticamente en paz; por lo que prefería esperar los acontecimientos, a ver qué pasaba.

 

Cuando algunos vecinos de la Picota se reunieron en plena calle, parece ser que imperó la idea de adelantar bodas con urgencia; así sucedió que algunas parejas se casaron como Dios mandaba y manda; sin embargo, hasta cuatro parejas de viudos y viudas que aún estaban en condiciones de maridar y procrear, se arrimaron el mismo día 15 de mayo sin más preámbulos y requilorios que una estruendosa cencerrada colectiva, organizada por el común de vecinos de todos los barrios de que constaba el pueblo, es decir, protagonizada, amén de las dichas cuatro parejas, por quienes aún conservaban algo de humor...

 

En las Aldeas sucedía poco más o menos otro tanto; era el mismo tema, los mismos temores y parecidos argumentos: rezos, ...y a disfrutar de lo que se tenía o se podía. Nos imaginamos al señor cura recibiendo confesiones en el pueblo y aldeas a su cargo, que por entonces eran todas; y los sermones que enjaretaría como buen dispensador de las gracias sacramentales, tanto si en su fuero interno creyese o no creyese que en aquellos momentos se avecinaba el Juicio Final.

El tio Millan, que, ademas de secretario, era el director de la banda de música, arengaba al pueblo y a sus músicos preparándolos para que, si fuese el caso cierto, marcharan alegremente entonando solfas al otro mundo. Pero como le apodaban el Diablo (aunque en todo y por todo era una excelentísima persona) la gente no lo tomó demasiado en serio, porque, ¿qué podría aconsejar el Diablo ante el cariz que tomaba el firmamento, cada vez acercándose más el corneta a la Tierra con su anchísimo y larguísimo rabo, pareciendo que los signos de la Parusía del Señor se iban a confirmar de un momento a otro?

 

De las cosas más chocantes que sucedieron, fue una enorme cuchipanda a base de pan cortado en rebanadas fritas con miel. Voluntariamente fueron apareciendo panes traídos por el vecindario y mayormente por los horneros y panaderos, que en la plaza se iban friendo en una gran caldera de miel y obsequiando a todo el pueblo, mayores y menores, de ambos sexos, de cualquier estado civil ... La tarde-noche del 18 de mayo consumió más de un centenar de panes de a dos libras y más de tres arrobas de miel que aportaron los de Pedriches, donde radicaba la madre de la colmenería venturreña.

Es lógico suponer que el amor florecería en los tálamos matrimoniales de forma inusual en aquellos días mayeros de primavera. ¡Eso le faltaba al caso, cuando ya de por sí la primavera la sangre altera! No nos atrevemos a repasar los registros de nacimientos del primer trimestre de 1911, por si sufrimos alguna decepción y se pone en evidencia nuestro amoroso pensamiento. Y aunque no dudamos del recato juvenil y mozo, algo debió suceder; al menos, nuestros abuelos comentaban tiempos después, que hubo preñeces en abundancia, de las legalizadas y de las otras. Es que las circunstancias no eran para menos.

 

El 19 de mayo (fecha en que los augures daban como cierto el choque entre el Cometa y la Tierra) fue casi el disloque. Nadie habia dormido ni nadie dormía a excepción de los niños. Alguien propuso organizar un baile general, pero los más no tenían ganas de bailes. Las miradas estaban en la bóveda celeste. La iluminación terrícola aumentó extraordinariamente. La cola del astro envolvió al pueblo... Y en este resplandor se miraban unos a otros para comprobar si se seguía con vida... Pasaron varias horas de angustia... el choque no se produjo. no hubo ruidos ni convulsiones extrañas, y al caer la noche, que casi tampoco fue noche, fueron disminuyendo los resplandores, con lo que se supuso había pasado el peligro.

Efectivamente, en días sucesivos y durante el resto del mes, se vio el cometa alejándose y disminuyendo de tamaño y luminosidad, camino de otros planetas hasta completar su camino solar. Nos imaginamos lo que pudo suceder después. Abrazos, risas, lágrimas, perdones, arrepentimientos, recapacitaciones... y quizás también muchas oraciones de gracias a la Virgen de Loreto.

 

Es bastante chusco lo que dejamos para el final.

 

Ciertamente mucha gente “perdió la cabeza por aquello de que venía la fin del mundo”. Tanto es así que en un periodiquillo de Requena, comentando de antemano “la hecatombe que iba a producir o provocar el corneta Halley”, se decía, así como así, que de ella sólo se librarían en el mundo setecientos hombres justos... (de las mujeres no decía nada) y felicitaba a los tres “agraciados de Requena: Justo el Aguater, Justo Brizuela y Justo el de las Eras de María”.

 

Yo me atrevo a suponer que entre aquellos setecientos justos a que el periodiquillo aludía, estaría incluida buena parte de la población de las Casas del Rey, ya que por allí, junto a los Gervasios, abundaban los Justos, a quienes por la misma razón de nombre, correspondería la gracia de la salvación; al fin y al cabo por algo se les llamaba así y tendrían que participar en el agraciamiento. Por si acaso les tocaba algo, al menos la suerte de la aproximación, algunos venturreños y aldeanos, que se enteraron de lo publicado en los papeles de Requena, entablaron buenas y estrechísimas relaciones con los Justos, quienes, de la noche a la mañana, fueron exaltados como bellísimas personas hasta por sus, hasta entonces, mayores detractores. envidiosos y enemigos. Aquí sí que valió de algo el temor y el miedo que se pasó ante lo imprevisible de un futuro que se anunció catastrófico, casi a bombo y platillos.