POBLACIÓN DISEMINADA EN EL TÉRMINO DE VENTA DEL MORO: 1752-2012

IGNACIO LATORRE ZACARÉS

Población diseminada

Cualquier curioso observador, si se da una vuelta por el término municipal de Venta del Moro, apreciará el gran número de caseríos, corrales, cuadras, barracas, teinas, casillas, etc. que se encuentran diseminados por el campo. Los 272 kilómetros cuadrados del término (tercero en extensión de la provincia de Valencia) albergan todo este tipo de construcciones que, en la mayoría de casos, han quedado como meros testigos de unas formas de vida pasadas. En algunos casos, pocos, estos caseríos se mantie­nen con vida.

Actualmente, todo este catálogo de construcciones forma parte del patrimonio rural de un tér­mino rico en elementos del paisaje: cañadas, corrales, pozos, abrevaderos, fuentes, ermitas, cuevas, bodegas y trullos, hornos morunos, sendas, caminos, pistas, caseríos, molinos, eras, árboles monumentales, puentes, palomares, etc. Un inmenso repertorio que genera un paisaje antropizado y también una amplia toponimia que es necesario preservar.

No obstante, el artículo lo que pretende analizar es la evolución del área más rural de un término ya de por sí catalogado como de elevada ruralidad (tomando los valores de Esparcía y Noguera (1)): la población diseminada que no habitaba ni en la villa de Venta del Moro, ni en alguna de sus seis aldeas actuales. Una dispersión demográfica muy vinculada con la expansión vitícola y también con la economía de subsistencia de áreas como la del Cabriel y Derrubiada. Además, las tendencias demográficas de la población diseminada presentan diferencias con las tendencias del poblamiento concentrado en las aldeas y pueblo: el descenso de población en los caseríos se produjo con una anticipación de más de 30 años al que posteriormente afectó a las aldeas y a la capital municipal.

En nuestro análisis y siguiendo los nomenclátores oficiales de la primera mitad del siglo XX  (2), consideraremos como población diseminada a aquella que no resida en la capital municipal (Venta del Moro) o en alguna de sus seis actuales aldeas: Jaraguas, Casas de Pradas, Casas de Moya, Casas del Rey, Las Monjas y Los Marcos. Las cifras de población las hemos extraído de los padrones que se custodian en el Archivo Municipal de Venta del Moro que en ocasiones no coinciden con las cifras que ofrece el Instituto Nacional de Estadística en su página web.

Estado de la cuestión en 1752

Como punto de partida de la cuestión pueden servir las Respuestas Generales de Venta del Moro al Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752, ya analizadas en otros artículos. (3)

En estos momentos, la población del término municipal era de 101 vecinos o cabezas de familia equivalentes a una horquilla de 450 a 500 habitantes. Un poco más de un tercio de la población (36 vecinos y 31 casas) se localizaba en la propia capital del término fiscal que era Venta del Moro pueblo. Sólo podemos hablar de dos caseríos con entidad de pequeña aldea: Casas de Pradas con 12 vecinos o familias y Jaraguas con 10. El resto de actuales aldeas venturreñas eran meros caseríos en formación: Casas de Moya con 4 vecinos o familias, Casas del Rey con 3, Los Marcos con 2 y Las Monjas con 4. A ello le debemos sumar 15 pequeños caseríos habitados a lo ancho de todo el término. Como hecho diferencial, destaca la población residente en las casas aledañas al río Cabriel, en su mayoría de hortelanos: 7 familias en Tamayo, 4 en Los Cárceles y 1 en Vadocañas. El resto de familias de caseríos se distribuyen en Sevilluela (3 familias), Aldabones (2), Albosa (2), Casa lo Alto (2), Los Antones (2), Muela Herrera (1), Pedriches (1), Alcantarilla (1), Casa Segura (1), Los Vallejos (1), Casa Garrido (1) y la Fuente de la Oliva (1). La mayoría de estos caseríos volverán a aparecer en los padrones del s. XX como caseríos habitados y en la actualidad aún hay varios habitados, por lo que podemos hablar de caseríos con más de 250 años de vida.

Así pues, en 1752, 58 familias residían en núcleos concentrados de población (Venta del Moro, Jaraguas y Casas de Pradas) lo que suponía un 57'4% de la población frente a 43 familias en hábitat disperso lo que equivale a un 42'5% de la población. Un 11% de la población vivía en la ribera del Cabriel. En general, podemos hablar de un gran término muy escasamente poblado con una densidad de 1'8 habitantes por kilómetro cuadrado aproximadamente.

El Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752 también cita 19 teinas o cobertizos de ganado y 5 pajares dispersos por el término.

En 1752, el 57'4% de la población estaba concentrada en Venta del Moro pueblo (36 familias). Casas de Pradas (12) y Jaraguas (10). El 42'5% restante de la población estaba diseminada en caseríos.

Viticultura, ruralización y dispersión de la población en la comarca

Desde mediados del s. XIX y con mayor incidencia hacia finales de siglo se observa en la comarca un proceso de agrarización y ruralización que tiene como consecuencia un mayor índice de población residente en núcleos pequeños en forma de caseríos o pequeñas aldeas. Este pro­ceso está directamente vinculado con la expansión de la viticultura en la comarca y el fracaso de la industrialización del s. XVIII. El periodo de 1850-1900 ha sido definido por el catedrático Piqueras Haba como la Edad de Oro de la viticultura en la comarca que pasa de 5.000 hectáreas plantadas en 1850 a más de 25.000 en 1910 (4). La viticultura de la comarca aprovechó el tirón comercial de la gran demanda de vinos que se produjo por la crisis productiva europea de vinos debido a las plagas de oidium (1850- 1860), filoxera (1868) y mildiu (1878) que arra­saron los viñedos franceses y europeos.

Esta elevada demanda de vinos se estimuló con la gran mejora de las comunicaciones en la comarca que supuso la finalización de la carretera de las Cabrillas (Madrid-Valencia) en 1851 y la llegada del tren en 1885-1887 ("El tren del vino" denominado por ser el gran medio de transporte utilizado para la exportación de los caldos comarcanos vía el puerto de Valencia). La expansión vitícola supuso acabar con el pasado modelo agrario basado en el cereal y la ganadería y certificó el fracaso industrial de la comarca apuntado en el s. XVIII.

La viña exige una mayor cantidad de mano de obra jornalera que debe vivir cerca de las grandes plantaciones que se estaban produciendo, muchas de ellas por el modelo de plantación "a medias". Pequeños caseríos se van convirtiendo en populosas aldeas y surgieron caseríos y casas de labor a lo largo de la geografía de la Meseta de Requena-Utiel. La lenta expansión de la filoxera en la comarca a partir de 1912, permitió sustituir por planta "americana" las viñas antiguas y seguir creciendo en superficie vitícola.

Además, también vemos como gradualmente la mano de obra jornalera fue accediendo a la propiedad de la tierra por el sistema ya citado de la "plantación a medias" y en la primera mitad del siglo XX por la compra de tierra a los terratenientes comarcanos que las iban vendiendo en lotes.

Casas de labor, bodegas, trullos y aldeas surgieron en el extenso territorio comarcal. Singular es el caso de Requena donde la población de la ciudad descendió hasta llegar en 1930 a sólo 6.687 habitantes en su casco urbano, mientras la población de sus aldeas y caseríos alcanzó los 10.963 habitantes. En Venta del Moro también se observó un gran crecimiento de las actuales aldeas y el surgimiento de caseríos por toda su geografía, especialmente en la demarcación de Las Monjas y Los Marcos, la Derrubiada, las huertas de la Albosa y la Bullana y sobresaliendo la extensa ribera del Cabriel.

En este proceso de crecimiento de la población diseminada no hay que menospreciar el factor de la economía de autosubsistencia practicado especialmente en la ribera del Cabriel, Derrubiada y huertas de la Albosa y Bullana.

Caseríos en 1894

Gracias a los 4 volúmenes del registro de edificios del término de Venta del Moro de 1894 que se custodian en el Archivo Municipal (5) sabemos que en aquellos momentos eran 125 las casas que estaban dispersas por el término, es decir, que no se encontraban concentradas ni en la capital municipal, ni en ninguna de las seis aldeas actuales del término.

En aquellos momentos, la expansión vitícola estaba consolidada y ya se había producido un crecimiento de la población en el pueblo, aldeas y caseríos. Muchos de estos caseríos estaban vinculados a las plantaciones vitícolas y así vemos que en la descripción de los edificios aparecen bodegas, aparte de trullos: dos bodegas en la Casa Lanza, otra en Casa Segura, otra en Casa Lo Alto, otra en El Renegado y otra en Cañada Tochosa (El Tochar). Algunos caseríos están ya muy consolidados como veremos: Casa Lanza, La Muela, Casa Lo Alto (ya en el siglo XVIII), Pedriches, Santa Bárbara, La Fonseca, etc.

En la demarcación de Casas de Pradas sobresale en 1894 la Casa Lanza con 6 casas, tres de ellas con su bodega y corral pertenecientes a Santiago Córdoba Pozuelo. La Casa de la Huerta poseía dos casas y en las huertas de la Albosa encontramos casas en la Ventilla y el Sapillo.

En la demarcación de Las Monjas encontramos mucha construcción en el agro. Sobresalen el caserío de la Muela de Arriba con seis casas y el de Casa Lo Alto con seis casas (cuatro propiedad de Carmen Pozuelo Vera), un molino, una casa-pajar y una bodega. Dos casas se contabilizan en el caserío del Boquerón que crecerá con posterioridad y encontramos también casas solitarias en Casa Blanca, Casa Nueva del Realame, Fuente Medranoy en El Boqueroncillo.

En la demarcación de Los Marcos sobresale Pedriches con diez casas que proseguirá creciendo hasta alcanzar 24 casas en 1935 y la finca de El Renegado con dos casas, una bodega y un pajar propiedad todo de Juan Manuel Pérez Hernández.

La demarcación de Jaraguas como la de Venta del Moro pueblo destacan en todo este proceso de dispersión de población por poseer escasos caseríos poblados. Así en Jaraguas sólo aparece la Casa Segura con dos casas, una bodega y un pajar y Los Aldabones con 3 casas. En la zona de Venta del Moro el caserío mayor era Sevilluela con cuatro casas; la Casa Garrido sólo poseía una casa y otra había ya en Cañada Rozada.

En la demarcación de Casas del Rey se advierte población diseminada en las huertas de la Bullana (tres casas) más cuatro casas sin especificar su ubicación. En Casas de Moya también encontramos dos casas dispersas sin determinar ubicación y dos casas en la Casilla del Cura.

Como estamos viendo, muchos de estos caseríos eran propiedad de terratenientes, es el caso de la familia Ferrer de Plegamans (Antonio especialmente) que poseen edificios en Casa Garrido, Los Aldabones, Casa Blanca, Casa Nueva del Realame y Cañada Rozada.

La extensa Derrubiada contaba con población ya en El Tochar con tres casas, una bodega y un corral, todo propiedad de José Enrique Serrano Morales (creemos que es el conocido bibliófilo y bibliógrafo y diputado por Motilla, con familia originaria de Ledaña) y otras tres casas en Cabeza Ludén.

Pero, sin duda, un hecho que diferencia a la población diseminada de Venta del Moro es la Ribera del Cabriel. Sus 55 kilómetros alojaban 55 casas, es decir, el 44% de las casas diseminadas del término. Muchas de estas casas estaban bajo la misma propiedad. Siguiendo la dirección del río aguas abajo, primero nos encontramos con el caserío de La Fonseca con siete casas: tres propiedad de José Morro Aguilar y otra tres de Antonio Tendero Serrano. En Los Cárceles registran 15 casas: siete de ellas pertenecientes al ya citado José Enrique Serrano Morales y otras cinco a Antonio Tendero Serrano. Aguas abajo de Los Cárceles toda la propiedad la poseía José María Martínez de Pisón pues se reflejan bajo su nombre 19 casas en Santa Bárbara y 14 en El Retorno.

Cuadro de casas existentes en diseminados de Venta de Moro en 1894

Nombre 1894

Aldabones, Los 3

Boquerón, El 2

Boqueroncillo, El 1

Cabeza Ludén 3

Cañada Rozada 1

Cañada Tochosa 3

Cárceles, Los 15

Casa Blanca 1

Casa Garrido 1

Casa de la Huerta 2

Casa de la Muela de Arriba 6

Casa Lanza 6

Casa lo Alto 6

Casas de Segura 2

Casa Nueva Las Monjas 1

Casilla del Cura 2

Diseminados sin especificar 2

Diseminados Casas del Rey 4

Diseminados Casas de Moya 2

Fuenseca, La 7

Fuente Medrano 1

Huertas de la Ventilla 1

Huerta del Sapillo 1

Pedriches 10

Renegado, El 2

Retorno, El 14

Santa Bárbara 19

Sevilluela 4

Ullana 3

Total 125

Población diseminada en el s. XX: ascenso hasta 1921 y descenso continuo.

La población dispersa continuó en crecimiento durante las dos primeras décadas del s. XX. Las 125 casas dispersas por el término en 1894 ascendieron en 1921 a 173 casas y 851 habitantes, máximo de población diseminada alcanzado en Venta del Moro que representaba casi un 20% de la población total del término. A partir de 1921, la población dispersa en caseríos empezó a descender gradualmente hasta 1950; bajando con mucha mayor fuerza a partir de 1950 y ya vertiginosamente desde 1960. En 1986 ya sólo quedaron 39 habitantes en caseríos, lo que representaba un 1'9% de la población total. Esta tendencia es diferente a la que muestran las aldeas y el pueblo que conti­nuaron creciendo hasta 1950 cuando alcanzaron su máximo poblacional con 2.497 habitantes en las aldeas y 1.423 en la capital municipal. (6)

Evolución de la población diseminada en caseríos:

 

 

Gráfico de la diferente evolución demográfica de la población diseminada y la concentrada (1921-2012)

 

Entre las causas que se pueden aludir en este descenso de la población diseminada que se anticipó en 30 años al éxodo rural que se produjo también en las aldeas y el pueblo a partir de 1950, se puede aportar la búsqueda por parte de las familias de unas mejores condiciones de vida y su éxodo hacia poblaciones, aunque fueran aldeas, donde ya se garantizaban ciertos servicios, entonces aún no básicos, como la educación primaria o la sanidad. La economía de subsistencia daba ya sus últimas bocanadas y aprovechamientos tradicionales forestales como el esparto, fornilla, carbón, madereo se extinguían. 

Además, hacia finales de los 40 y principios de los 50 la zona ribereña del Cabriel y la Derrubiada fue escenario de numerosos episodios de la guerrilla antifranquista y contrapartida de la Guardia Civil que atenazó a la población de los caseríos y que incluso le costó a muchos su encarcelamiento. (7) Una táctica de la represión franquista fue vaciar los caseríos de las áreas donde actuaba la guerrilla. Por supuesto, a estas causas se les sumó las generales del éxodo rural de la España de la posguerra.

A partir de 1960, el descenso en la población tanto de los caseríos como en las aldeas ya sólo puede calificarse de enorme y sangrante, pasando la población diseminada de 349 individuos en 1960 a 39 en 1986 (-88%) y la población de las aldeas de 2.365 a 1.057 en el mismo periodo (-55%). El descenso fue menor en la capital municipal en el mismo periodo: -29% entre 1960 y 1986. Es decir, cuanto menor era el tamaño de la entidad de población, el éxodo rural se encarnizó más.

Entre los caseríos principales habitados durante el siglo XX destacamos los de la ribera del Cabriel que alcanzaron la cifra de 432 habitantes en 1945, lo que suponía el 64% de la población dispersa. Cuando el resto de caseríos del término estaba perdiendo población desde la década de los 20, el padrón de riacheros siguió creciendo hasta 1950. Muchas de estas familias practicaban una economía de subsistencia basada en la huerta, un poco de cereal, trabajos de montes (madereo, esparto, carbón, fornilla) y un pequeño ganado porcino. Río abajo, el primer caserío, que llegó a poseer categoría de aldea, fue La Fonseca, frente a los famosos Cuchillos y que tuvo un máximo poblacional de 63 habitantes en 1935. En la actualidad está totalmente abandonada y con sólo una casa habitable. Vadocañas registró 7 habitantes en 1950, el Barranco del Salgar 4 en 1960 y en Los Cárceles se censaron hasta 192 habitantes en 1935 entre la aldea y caseríos adyacentes (en la actualidad sólo residen permanentemente 2 habitantes). Santa Bárbara, actualmente en ruinas, era otro de los núcleos más habitados del río alcanzando su máximo poblacional en 1925 con 122 habitantes. En El Tete se censaron 12 habitantes en 1950. El Retorno también fue una importante área de población ribereña que llegó a alcanzar 87 habitantes en 1921. Al final del término junto al río se encuentra la Casa del Pino con 10 habitantes censados en 1950.

En la Derrubiada, extenso y territorio, encontra­mos diferentes caseríos habitados, el principal de ellos la Casilla de Moya con 22 habitantes en 1960, Cabeza Ludén con orientación ganadera (7 habitantes en 1950), El Tochar (6 habitantes en 1950 y 13 habitantes en 1986), Cuevas Morenas (3 en 1950), El Chipi rito (6 habitantes en 1950), El Roto, de tradición cerealícola y ganadera, registró 7 habitantes en 1935 y Fuente Felipe (5 en 1960).

Numerosos son los caseríos habitados en las huertas de las ramblas Bullana y Albosa en el siglo XX. La Casa Amparo habitada hasta la década de los 20; Casa de la Huerta en la Albosa con 14 habitantes en 1925; Casa del Pinar ha­bitada todo el siglo XX, con vocación vitícola y con 12 pobladores en 1950; Casa Lanza con 13 habitantes en los años 20; Fuente la Reina o Casa Nueva en la Bullana habitada todo el siglo XX y con 12 habitantes en 1921; Huertas de Jacinto; Huertas de la Ventilla (12 pobladores en 1925), Huerta de los Alejandros (10 en 1925), Huertas del Molino de Arriba; Huertas del Reloj que alcanzó 16 habitantes en 1925 y 6 en 1960 o Huertas de la Lillana con 26 habitantes empadronados en 1925.

Las cifras de la Ribera del Cabriel y de las huertas de la Albosa y Bullana son significativas de la importancia del regadío y las huertas en la eco­nomía de subsistencia.

En la demarcación de Las Monjas destacan los caseríos de la Muela de Arriba (una veintena de habitantes durante toda la primera mitad del siglo XX); El Boquerón (25 habitantes en 1925 y 7 en 1950); El Boqueroncillo habitado durante la primera mitad de siglo llegando a alcanzar 8 habitantes en 1950 y Los Antones que llegó a registrar un máximo de 18 pobladores en 1960.

En la demarcación de Los Marcos destaca el caserío, con categoría de aldea, de Pedriches que llegó a contabilizar 66 habitantes en 1921 de los que quedaban 31 en 1960. A ello se le debe sumar el muy cercano caserío de El Melguizo donde hubo 3 habitantes en 1921. La finca agrícola de El Renegado ha estado habitada todo el siglo XX y sigue en el s. XXI llegando a 27 habitantes en 1960.

Los llanos de buena tierra situada en el vértice de Venta del Moro, Los Marcos y Las Monjas que conformó la antigua dehesa del Realame, cultivo cerealícola, de olivos y actualmente casi en régimen de monocultivo de vid, disfrutó de ca­seríos habitados y, muchas veces pertenecientes a terratenientes como la Casa Nueva de Las Monjas con 8 habitantes en 1950; Los Pleitos con 4 habitantes en 1950; Cañada Rozada 10 pobladores en 1950 y Casa Garrido, habitada todo el siglo con una oscilación de 19 habitantes en 1921 y 11 en 1960. Muchos de los trabajadores de estas tierras y posteriormente propie­tarios vivían en las propias aldeas de Las Monjas, Los Marcos y en el pueblo de Venta del Moro.

En la antigua Dehesa de Sevllluela encontramos los caseríos de Los Aldabones con 9 habitantes en 1945 y la propia Sevilluela con 16 habitantes en 1921 y los 6 de su ocupación final en 1950.

Cerca de Jaraguas, los únicos caseríos habitados han sido el de la Casa Segura entre los 14 habi­tantes de 1945 y los 11 de 1960 y el de Gil Marzo, cabecera de la Rambla Albosa, que llegó a registrar 9 habitantes en 1960.

Finalmente, señalaremos que en los padrones de 1921 y 1925 se censan hasta 115 y 67 habitantes respectivamente en diseminados sin especificar. La procedencia de estos habitantes era muy variada: Dos Aguas (todos ellos carboneros), Villatoya, Villamalea, Vi Harta, Casas de Ves, Minglanilla, Cervera, Campillo, Castillejo de Iniesta, Bonache, etc. Los suponemos a casi todos ellos en la ribera del Cabriel y la Derrubiada, muchos viviendo de aprovechamientos forestales (como los carboneros) y albergándose en barra­cas (construcción muy sencilla de piedra y techo de ramas) y casillas, sin asignación específica de caserío.

Casas de la Muela de Arriba con Dionisio Monteagudo en su casa natal. La familia de Dionisio fue la última en abandonar el caserío en 1960 que llegó a contar con 22 habitantes en 1925.

 

En la antigua aldea de La Fonseca, casi toda ella en ruinas, pervive ¡a bonita ermita de San Antonio de Padua. La Fonseca registró hasta 63 habitantes en 1935.

 

Santa Bárbara, a la orilla del Cabriel, registró hasta 122 habitantes en 1925. Tuvo su propia ermita (ahora en ruina total).

 

Cabeza Ludén, en la Derrubiada, caserío con orientación ganadera que se sigue utilizando como abrigo de ganados. Registró 1 habitantes en 1950.

 

Un gran pino corona la mitad de una casa del caserío de El Boquerón, habitado hasta 1950 y con 25 habitantes en 1925.

 

Benito Martínez y Margarita Ruiz en Los Cárceles, los últimos habitantes tradicionales de caseríos y los únicos que habitan la aldea en su parte venturreña. 192 habitantes se censaron en Los Cárceles en 1935.

Población diseminada en el Siglo XXI

Tal como hemos visto, la población de los caseríos ha ido descendiendo primero gradualmente desde 1921 y después vertiginosamente desde 1960. Desde la década de los 80 se observa una cierta estabilización al alza de la población diseminada, pero esta población no tiene nada que ver en sus modos de vida y régimen económico con los pasados caseríos. La población dispersa actual, en la mayoría de casos, son personas ajenas a la vida de caserío, no originarias de Venta del Moro, muchos de procedencia extranjera y que residen en diseminados por ser empleados de fincas cinegéticas, ganaderas o agrícolas.

Sus 43 habitantes empadronados en el 2012 supone sólo un 2'7% de la población del término, aunque ha crecido algo desde 1986 (en aquellos momentos eran el 1'9%). Una gran parte de nuestro término, singularmente la Derrubiada y la ribera del Cabriel, se halla prácticamente despoblada. Los antiguos habitantes de caseríos que laboreaban tierras cercanas a su hábitat han pasado a residir en el pueblo, aldeas o poblaciones cercanas (Requena, Utiel, etc.). Antiguas aldeas de Venta del Moro como Santa Bárbara y La Fonseca, ambas en el río Cabriel, se encuentran totalmente despobladas y en ruinas. Muchos de los antiguos caseríos grandes se hallan también despoblados y con casas Inhabitables como El Boquerón, Cabeza Ludén, la Muela de Arriba, Sevilluela, etc.

El caserío con mayor población a datos de junio de 2012 es El Chipirito , en la Derrubiada y cerca de la pista de Vadocañas, donde residen 19 personas que viven de una explotación porcina. Los niños acuden en transporte escolar desde Casas de Moya al colegio de Venta del Moro. En las propia Hoces, una finca agrícola alberga a 3 personas en El Purgatorio. La finca cinegética Hispano-Chilena (verdadera lacra por el uso de vallado intensivo y corte de caminos) censa a sólo 4 habitantes en El Tochar, 3 en El Retorno y 1 en Tamayo. En Los Cárceles sigue quedan, aunque sin empadronar, 2 verdaderos riacheros de toda la vida, Benito y Margarita, en una aldea donde llegaron a vivir 192 personas contabilizando las casas de alrededor. Quizás sean estas dos personas las únicas de todo el término que han quedado como testimonio de la vida pasada en los caseríos. La finca cerealícola de la Casilla de Moya, en medio de la Derrubiada, sólo tiene empadronado a una persona. En la finca vitícola de El Renegado, cerca de Pedriches, viven 3 personas. En el propio Pedriches se empadronan 4 habitantes. Por último, se inscriben una serie de caseríos con una o dos personas como la Casa Nueva, Los Antones, la Casa de los Mudos de Casas del Rey o la Casa Garrido.

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(1) ESPARCIA PÉREZ, Javier y NOGUERA TUR, Joan, << Los espacios rurales en transición >>. En: Comunidad Valenciana. Juan Romero et al.. Barcelona, Ariel, 2002, p. 141-149,

(2) Para el trabajo se han consultado los nomenclátor de la provincia de Valencia de 1930,1940,1950,1981 y 1986, aunque se ha preferido trabajar con los padrones del Archivo Municipal por poseer datos más desagregados.

(3) LATORRE ZACARÉS, Ignacio. "Venta del Moro hace 250 años". El Lebrillo Cultural, 1999, n.12, p.23-31 y LATORRE ZACARÉS Ignacio. "Venta del Moro en el Catastro del Marqués de la Ensenada". Oleana, 2001, n° 16. P. 371-382

(4) Para la comprensión de todo este proceso es muy interesante el libro de Juan Piqueras Haba "Campo Arcís: cooperativismo y viticultura: del proceso de colonización agraria a la especialización vitícola 1752- 2009" (Campo Arcís, Cooperativa San Isidro Labrador, 2009, 198 p.) y su artículo "Paisaje y economía vitícola en Requena: 1850- 2010". Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal, 2012, n. 26, p. 339- 361. V Congreso de Historia Comarcal (noviembre de 2011).

(5) Archivo Municipal de Venta del Moro L-1025 al L-1028.

(6)  En Lucena del Cid, población del interior de Castellón con ciertas similitudes con nuestro término, el fenómeno "masovero" ha sido bien estudiado y también se constata un descenso de la población diseminada en caseríos a partir de 1910. Escrig, Joaquim, ed. La Llucena masovera. Llucena, CIT, 2010.

(7) 1954, julio, 12. Sentencia del Consejo de Guerra sobre apoyo de 28 vecinos de Villamalea, Venta del Moro y Villalgordo a la Agrupación Guerrillera de Levante (causa 2-5-51).

 

 

Asociación Cultural Amigos de Venta del Moro

Lebrillo 29